| Muerte en la Cimarronera |
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| Artículos - Literatura | ||
| Escrito por Jose Antonio Pulido Zambrano | ||
| Jueves 09 de Octubre de 2008 23:30 | ||
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Quién haya oído hablar de la muerte de páramo, encontrará en este relato lo más espeluznante que se pueda imaginar. En lo más alejado de los andes venezolanos, esta ubicado el páramo de la Cimarronera, a dos horas de la población de San José de Bolívar. Se acostumbra a subir a estos parajes en época de verano, es fatal que suban los turistas en invierno.
Yo, soy un cazador de misterios. Es lo que me propongo a contarles. Mi nombre es lo de menos, pero para dar veracidad al mismo lo diré, para que no entre en el anonimato. Soy Pedro Labrador, nací y me crié en estos paisajes de montaña y páramo, al estilo David Copperfield. Aquí es donde la neblina me envolvió como esos fantasmas de los Carpatos a los que enfrente en una ocasión. ¿Por qué volver a mis orígenes? Por un misterio por supuesto. El que esté al tanto de los últimos acontecimientos del Táchira, habrá oído hablar del caníbal de fines del siglo XX y de un profanador de tumbas, este último aparte de cometer necrofilia, asesino a varias prostitutas de la calle Lolita Robles; así mismo la aparición en el cementerio de Táriba de una momia intacta robada de un museo de El Cairo, todos estos sucesos han marcado a esta tierra, lo que ha movido a muchos parasicólogos y videntes del mundo entero a visitar este rincón olvidado de Venezuela; ha buscar y escribir sobre misterios, desde revistas como Más Álla, El Resplandor o Año Cero. La primera noche que llegue al páramo, la pase en la estación truchicola o Centro de Estudios de Piscicultura. La neblina era muy baja, no se podía distinguir a una persona a diez metros de distancia. Ese día los trabajadores de este centro se concentraban en limpiar los tanques para trasladar algunas “truchas arcoiris”, peces reproductoras a su nuevo estanque. Había tomado mi celular móvil para llamar a Eleonora, mi esposa, pero allí no llegaba cobertura. Mi intención era llegar al siguiente día a la laguna donde fue hallado el cadáver de Manfredo. Cuando me acerque a una de las ventanas, por medio del cristal nuboso observe a aquella criatura extraña por primera vez, andaba en dos extremidades, pero no se movía como un ser humano. Llame a uno de los lugareños, pero cuando llegó, el extraño ser había desaparecido, o había sido producto de mi imaginación. Uno de los lugareños habló en voz baja, cuando escucho aquel extraño quejido, en nada parecido a un animal, en nada parecido a un humano. Era aquello lo que había descubierto Manfredo, y que no me había explicado totalmente en su ultima carta.cDecidí buscar mi portátil y tomar algunas notas. Fui a mis documentos, allí estaba en archivo el e-mail de Manfredo: Para:Guardiá
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Hola hermano, te parecerá extraño mi correspondencia, pero creo haber hallado algo, no te escribo por este medio lo que es, me gustaría que me visitaras personalmente, se que buscas el Chupacabras en Chile, pero lo que esta en lo más alto de las montañas de los andes venezolanos rebasa los limites de nuestra imaginación. Se despide de ti con afecto Manfredo Nicolí. A los días siguientes había recibido la noticia de la muerte de Manfredo, tomé el primer avión de Chile a Venezuela. Al segundo día de estadía en aquel páramo me hallé con un baquiano, de nombre Elías, quien sé ofreció a llevarme a la Cimarronera, pero sin hacer preguntas sobre el xólo. ¿Qué era eso del xólo, aun no lo sabía?El frío de páramo era inclemente, por lo que debí cubrirme de pies a cabeza, con ropa y calzado apropiados para aquel clima inexorable. Mientras que el baquiano se movía por todo ese ambiente como si nada. Entre más subíamos, la altura me empezaba a sofocar. El anciano me dijo: - Cuídese del mal de páramo. No conteste, seguí mi travesía como si nada me afectase. Tomé unas barras de chocolate para comer, cuando me pareció volver a ver a la criatura de la noche anterior. Sólo fue una visión, lo sabía, el frío de páramo me estaba haciendo ver espejismos, como los que había sufrido en el desierto del Sahara tres años antes.
Pensé que el anciano estaba loco. Pero ya era muy tarde, además era mejor regresar antes de que anocheciera. Al volver al Centro Truchicola la sorpresa fue grande, en uno de los estanques todas las truchas estaban muertas. Flotaban como barcos destruidos después de una guerra naval. Todos se extrañaban. Los ojos de los animales acuáticos habían tomado un color blancuzco, que sólo aparece después de unos días de muerte, cuando mueren por causa natural. Otro de los síntomas extraños era que parecía que no tuvieran sangre, un agujero aparecía debajo de sus branquias. Extraña coincidencia era la muerte de mi amigo; el medico que le había realizado la autopsia había señalado que Manfredo poseía dos agujeros detrás de sus oídos. Otro de los síntomas de la muerte de mi amigo, era que al parecer no tenía ni una gota de sangre en su cuerpo. Cosa insólita, y un olor insoportable ha pescado. Esa noche el Centro Truchicola fue invadido por una lluvia de mariposas negras. Todos se encerraron temprano en su cuarto. Yo me quede afuera escribiendo en mi P.C., mientras saboreaba un trago de aguardiente blanco, un licor extraído de aquellos páramos. El primer trago había quemado mi garganta. En ello levanté mi vista a la ventana. Allí estaba eso, mirándome desde el otro extremo. Su rostro era alargado, poseía dos grandes ojos, yo diría que inmensos, y dos levísimos fulgores verdes en esa calavera eran los únicos signos de vida que se manifestaban, me sonrió grotescamente, como leyendo mis pensamientos, sonrió mostrándome una dentadura que sólo había visto en las películas de alienígenas. Luego desapareció. Yo me quedé pasmado, quise gritar, más no pude. Cuando desperté estaba naciendo el amanecer. ¿Había sido todo una pesadilla? El tercer día amaneció con un sol radiante. Busqué al anciano para que me llevase al páramo de la Cimarronera, pero ya se había marchado al poblado. Me arriesgue a subir solo. Tamaño error. Quién haya subido al páramo de la Cimarronera en agosto, debe de saber que el sol en este mes es otro espejismo más. Cuando divise la primera laguna, el cielo empezó a cambiar, una densa niebla comenzó a cubrir al páramo, un recelo me hizo devolverme, pero como no conocía el camino me perdí. Los nervios comenzaron a apoderarse de mí. Un frío empezó a helarme el cuerpo, no sentía mis manos, nunca había tenido tanto frío en mí vida. El frío parecía llegar hasta mis huesos. Al fin divise una especie de cueva en aquel desierto de páramo. Dentro de la misma logré hallar un poco de calor, el suelo estaba cubierto con hojas de frailejón seco, parecía como si allí ya hubiese habitado otro ser humano. El sueño y la fatiga me lanzaron a un debilitamiento total, mis ojos comenzaron a arderme mucho, el frío ya se colaba hasta la misma alma, mis manos no las sentía y se empezaban a colocar moradas, mis oídos estaban por estallar del dolor… Cuando desperté me encontraba en una cama del Centro Truchicola, el doctor me dijo: ¿Qué era eso llamado el xólo? A lo que los campesinos de aquel páramo temían tanto. Era esa extraña criatura que había visto y, yo creía que era parte de mis sueños. - ¿Usted lo ha visto Dolores? Dolores se marchó, una nueva duda se me presentaba, el olor del oso muerto ha pescado y la muerte de las truchas el segundo día de mi llegada. En donde encajaba aquello y ese ser, más alienígeno que terrestre. - ¿Esta listo señor Pedro? Al día siguiente emprendimos el viaje de retorno a la Cimarronera. Joseph Polidori había invitado a dos amigos suyos, un seminarista y un escritor de relatos fantásticos, Jhesus llevaba en sus manos una Biblia ilustrada por Dore, y Ovidio un bolígrafo y un cuaderno de notas. - Entonces has viajado mucho por todo el mundo - me dijo Jhesus. La verdad, era que los dos jóvenes habían sido invitados en un momento no indicado. Mi único propósito era cazar un ser del que nada sabía, y no ser maestro de Teología o inspiración de un libro.
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ELISA
dijo:
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Excelente cuento No habia leido este cuento y en verdad es muy bueno. Quienes nos criamos al pié del páramo siempre oimos leyendas: la laguna encantada, el monstruo de la laguna negra, los emparamaos, etc. Es la imaginación de la gente ante la inmensidad del espacio, la abrumadora soledad de los páramos y la constante sensación de peligro cuando uno se adentra en ellos. Por eso el xólo encaja muy bien en esta atmósfera paramera. De nuevo felicitaciones. |



